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lunes, julio 24, 2017
Uno, dos, tres

Se descubre algo increíble que ocurrió en Armero, antes de ser sepultada

viernes, julio 7, 2017 20:19

El papa Francisco declaró hoy beatos y mártires a dos sacerdotes colombianos: uno, el sacrificado obispo de Arauca, Jesús Emilio Jaramillo Monsalve, asesinado en octubre de 1989 por el ELN; y el otro es el padre Pedro María Ramírez Ramos, llamado el padre de Armero, aunque él era natural de La Plata (Huila).

Sobre el sacerdote Pedro María hay en el Tolima una leyenda que le atribuye haber proferido una maldición contra Armero y anunciar que ese pueblo del Tolima sería destruido. Esta maldita profecía la habría pronunciado el padre Ramírez Ramos en 1948, es decir, 37 años antes de que el volcán Arenas del Nevado del Ruiz provocara una avalancha que borró del mapa la pujante población de Armero.

Pero, en defensa del nuevo beato y mártir, salió hoy el obispo de Garzón, monseñor Fabio Duque Jaramillo, quien fue promotor de la beatificación del padre Ramírez. Contó el obispo Duque que la verdadera historia es la siguiente: el padre Ramírez, al día siguiente de haber sido asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, fue objeto de un linchamiento por decenas de enaltecidos habitantes de Armero. Cuentan que al padre Ramírez le quitaron la cabeza, jugaron fútbol con ella y arrastraron su cuerpo por varias calles del municipio. Un sacerdote de Fresno que firmó la partida de defunción del padre Ramírez escribió al pie del documento, repudiando el crimen: «Armero será destruida». Después, un obispo de Ibagué, al reseñar el caso, escribió en latín la misma maldición.

Monseñor Duque asegura que no se le puede atribuir al padre Ramírez esa maldición. Pero contó algo adicional y sobrecogedor: el cuerpo del padre Ramírez fue rescatado de entre la enardecida multitud por unas prostitutas de Armero, que le dieron cristiana sepultura. El día 13 de noviembre de 1985, cuando una gigantesca masa de lodo y piedras arrasó con Armero, llegó hasta las puertas de las casas del barrio de tolerancia y allí no provocó desgracias. Impresionante, ¿o no?

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