miércoles, 21 de julio de 2010
Algo de mágico, de envidiable, de irrenunciable, debe tener el servicio exterior. Hay personas, tanto del servicio diplomático como del consular, que no renuncian ni a palo.
Por ejemplo: el señor Jairo Montoya es embajador alterno en las Naciones Unidas, en Nueva York. El Gobierno le pidió la renuncia desde mayo para cumplir con la alternación de una funcionaria de carrera. Esta es la hora en que el flamante embajador alterno no ha querido presentar su renuncia.
Otro caso: el señor Eduardo López Sabogal fue designado hace cinco años, embajador en Guatemala. Requetecumplido el periodo de un diplomático.
El Gobierno nombró hace semanas al ex presidente del Congreso, Juan Guillermo Ángel, actual consejero para San Andrés y Providencia y el Chocó. Pues no ha sido posible ni su posesión, ni su viaje porque el embajador López no ha querido renunciar.
Como dice la canción: «Mami, qué será lo que tiene el negro».
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